Con nuevos protocolos de seguridad, los dentistas instan a los pacientes a volver a sus tratamientos habituales. Esto es lo que debes saber antes de tu próxima cita.
¿Qué riesgos existen ir al dentista?
El SARS-CoV-2 se propaga a través de las partículas que emiten las personas cuando respiran y hablan, entre otras cosas. Las personas pueden inhalar esas gotitas o tocar superficies contaminadas y a continuación frotarse los ojos, la nariz o la boca. Las herramientas habituales de un dentista, como los tornos y los limpiadores ultrasónicos, también pueden generar partículas diminutas conocidas como aerosoles que podrían albergar coronavirus infeccioso y pueden permanecer en el aire de minutos a horas.
¿Debería ir al dentista si no es una emergencia?
En general, sí, con algunas excepciones.
Retrasar los tratamientos dentales entraña riesgos considerables para la salud a largo plazo. Las afecciones que no son graves, como un empaste roto, pueden empeorar mucho si se ignoran, pero hasta las limpiezas son fundamentales. Por ejemplo, existe un «vínculo claro» entre la salud gingival y la diabetes, así como una relación con las cardiopatías, indica. Las limpiezas dentales pueden estabilizar el estado de las encías.
¿Cómo es una visita «segura»?
Como las personas pueden transmitir el SARS-CoV-2 aunque no tengan síntomas y no se dispone de pruebas rápidas y baratas, los dentistas han aplicado una serie de medidas de precaución, las diferencias en la cita en el dentista deberían empezar antes de llegar a la consulta, con un cuestionario de control previo. Se trata de una verificación general de tu estado de salud que incluye preguntas sobre si has tenido tos o fiebre hace poco o si podrías haber estado en contacto con personas infectadas con COVID-19.
Para limitar los riesgos en la consulta, los dentistas están atendiendo a menos pacientes y piden a la gente que entre sola, lo que reduce la cantidad de interacciones de cada paciente. Poco después de entrar en la consulta, es posible que un enfermero te tome la temperatura. La disposición de la sala de espera también podría ser diferente para permitir el distanciamiento social. Antes, la consulta de Gehani tenía 14 sillas en la sala de espera. Ahora solo tiene cuatro: una en cada esquina. Y todos los que estén en la sala de espera, tanto trabajadores como pacientes, deben llevar mascarilla.
